16 de julio de 2008

NUEVOS CONTRATOS PARA UNA COMUNICACION DEMOCRATICA


Hacia nuevos contratos democráticos
en el campo de las comunicaciones

Por María Inés Zigarán *

Los cambios tecnológicos producidos en las últimas décadas en el campo de las comunicaciones y la reconfiguración de las sociedades como resultado de la globalización, han provocado impactos profundos en el campo de las comunicaciones, y particularmente en el sistema de medios.

Por un lado, la potencialidad de las nuevas tecnologías que hacen posible la producción y circulación de cada vez mayores volúmenes de datos; por otro lado, las demandas de públicos, cada vez más diversos y fragmentados, generan un exigente escenario para el periodismo.
La posibilidad de que el periodismo cumpla su rol de social como agente de transformación, como custodio del proyecto democrático y como catalizador de las demandas emergentes, no depende sólo de su propia capacidad, sino de los nuevos contratos que se construyan con los actores que intervienen en el hecho comunicacional: las instituciones, las fuentes, los públicos, los editores. Contratos donde se expresen responsabilidades públicas comunes y se acuerden horizontes que hagan posible el desarrollo de un periodismo capaz de aportar a los procesos de socialización, ciudadanización y enriquecimiento del capital cultural y simbólico de una sociedad

CON EL ESTADO

Entre los nuevos contratos que se precisan hoy, el primero de ellos es con el Estado. Un estado democrático debe ser capaz de construir condiciones para que el derecho a la información que potencia la prensa, encuentre cauces cada vez más amplios. En este sentido, es preciso –entre diversas cuestiones -modernizar la legislación provincial de acceso a la información pública para aggionar los procedimientos a través de los cuales los periodistas –y los ciudadanos en general- acceden a la información que es producto de la gestión del espacio público.
Otro contrato central con el Estado es el acordar con claridad los términos en los que se otorga la pauta oficial, de manera que se garantice la independencia editorial. La publicidad de los actos de gobierno que se intenta a través de la pauta del estado es una exigencia republicana, que los medios hacen posible con la venta de sus espacios, pero eso no debe generar ninguna otra obligación. Los abusos que ocurren con la pauta oficial medran de los silencios, viven de lo no explicitado, por eso es vital formular nuevos acuerdos y avanzar hacia una cultura estatal verdaderamente respetuosa de la libertad de informar que tienen los medios.
También es necesario terminar con medidas que desalientan la investigación y el riesgo que implica el periodismo. Urge la despenalización de los delitos contra el honor de los funcionarios y figuras públicas, para que nunca más ningún periodista pueda ser encarcelado por cuestiones referidas al ejercicio de su profesión. Así lo ha ratificado la Corte Interamericana de Derechos Humanos en la sentencia emitida recientemente a raíz del caso del periodista Eduardo Rimel.

CON LOS PÚBLICOS
Es necesario también repactar contratos con los públicos. Los procesos de democratización deben darse también al interior de los medios y una manera de hacerlo es establecer mecanismos de autorregulación, como códigos de buenas prácticas, principios éticos donde planteamos nuestro compromiso con el público y a donde regresamos en medio de las tribulaciones que provoca la gestión cotidiana de la información y las encrucijadas políticas e ideológicas que están presentes en las representaciones que moldeamos con las noticias.
La implementación de Defensorías de los públicos, defensorías de lectores o de oyentes, son también una alternativa valiosa que permiten establecer una relación de cercanía, colaboración y de comunicación más efectiva con los públicos. Las defensorías no sólo refuerzan el sentido de pertenencia con el proyecto de un medio y sus periodistas, sino que además permiten recuperar las inquietudes de la comunidad.
Para el periodismo no hay otra forma de control admitida que no sea la autorregulación, es decir los mecanismos que los periodistas acordemos darnos a nosotros mismos para el desarrollo de la profesión. Un de ellos puede ser establecer formas novedosas y efectivas con quienes son los únicos destinatarios de nuestro trabajo y compromiso: los públicos..

CON LAS FUENTES

La relación con las fuentes, a veces asimétrica, a veces de tensión y conflicto, debería ser puesta en debate. Entre los presupuestos de ese contrato debe estar el concepto de que el periodismo es un agente de control y de observancia de las instituciones y por ello, el lugar de “abogado del diablo” le es consustancial.
“Hechar sal en las heridas, poner guijarros en los zapatos. Molestar de esto se trata el periodismo”, dice Horacio Vertbisky en “Un mundo sin periodistas”. Esa función de “perro guardián” que heredamos de la mejor tradición periodística debemos salvaguardarla. Y el desafío es encontrar el equilibrio para no ser ni amigos, ni enemigos íntimos del poder, sólo celosos custodios de la democracia, sus derechos y obligaciones.
Cambiar las representaciones que sobre el periodismo tienen las instituciones y nuestras fuentes en general, y ayudar a que comprendan que el periodismo es por naturaleza crítico, nos libra de los corset de las fidelidades, las lealtades, mas allá de las éticamente posible en el marco del off the record.

CON LOS EDITORES

Una sociedad compleja, necesita de un periodismo complejo. Y para ello es necesario que los periodistas tengan la oportunidad de acceder a oportunidades de formación y de actualización permanente, no sólo para mejorar las destrezas instrumentales, sino particularmente para poder pensar la complejidad, analizar sus múltiples determinaciones y encontrar las diversas perspectivas desde las cuales es posible mirar los hechos que convertimos en noticia.
Esta necesidad debe inscribirse en los nuevos vínculos con los editores, para que la formación sea planificada e incorporada como una oferta sistemática de los medios. En esto a las universidades les cabe también la responsabilidad de generar propuestas alternativas para revincular a los periodistas con el espacio académico y acercarlos a su potencialidad.

CON LA DEMOCRACIA

Finalmente, sólo voy a señalar un contrato más, el de la prensa con la democracia.
El sistema democrático hoy está jaqueado por fenómenos nuevos: la implosión del sistema de partidos, los vaciamientos o transmutaciones ideológicas, caracterizan al campo político. También, la emergencia de nuevos actores, sus demandas de mayor participación ciudadana, sus exigencias de control y transparencia y sobre todo el malestar social por la continuidad de los procesos de concentración de la riqueza y pauperización de grandes sectores. Frente a este panorama, desde el periodismo es preciso replantear los contratos que establecemos con el contenido mismo de la democracia.
Qué significados adquiere hoy la defensa de la democracia y los derechos humanos. Cuáles son los horizontes éticos? Cuáles los compromisos? Y cuáles los aportes para intervenir en esta complejidad que nos muestra la sociedad actual?. Algunos interrogantes para repensar el pacto con la democracia misma, repensar. En este año 2008, a 25 años de la recuperación de las instituciones democráticas. Una oportunidad para el periodismo, una oportunidad para la democracia.


* Docente de la Cátedra de Periodismo Gráfico del DASS de la UCSE, Coordinadora técnica de Agenda Pública y del Proyecto Derecho a la información en el mundo indígena de la Asociación Warmi Sayajsunqo. Asesora legislativa. Miembro del Grupo de Periodistas Otra Tinta.