16 de julio de 2008

PRELATURA DE HUMAHUACA: SOBRE LA POBREZA

Y LA POBREZA, ¿PARA CUÁNDO?

El Obispo Prelado de Humahuaca, Mons. Pedro Olmedo en unión con los sacerdotes de su Presbiterio, quiere expresar públicamente su profunda preocupación ante la grave situación de pobreza, desocupación y desamparo en general que están sufriendo la mayor parte de la gente en la zona norte de la Provincia de Jujuy y en los Valles cordilleranos salteños.



No está en nuestro ánimo buscar la confrontación, pero sí reclamar soluciones inmediatas para problemas en los que va la vida de muchas personas. Queremos aclarar que no estamos en contra del CAMPO, ni de los derechos a la protesta y al enérgico reclamo que está protagonizando en estos meses. Nos parece muy justa la actitud reivindicatoria de su derecho a no ser saqueados y sobre todo el planteo de fondo que están haciendo, en concretar una más justa distribución de la riqueza que tenga en cuenta al interior. También valoramos los intentos de dialogo que ambas partes han puesto en marcha y que resultan todavía insuficientes, tal vez porque cuando se dialoga hay que ceder ambas partes y no atrincherarse en las propias posturas, pensando que siempre es el otro el que se equivoca. Es necesario el dialogo, más que nunca, en estos momentos de tensión, buscando siempre y en ambas partes el bien común, lo que nos ayude a crecer como patria de hermanos, en la que todos seamos iguales. Hecha esta aclaración decimos lo siguiente:
¡Ya está bien de “CAMPO vs GOBIERNO” y de “GOBIERNO vs CAMPO”! Porque ya son demasiados días escuchando la misma historia, y porque eso está ocultando otras historias reales mucho más lamentables y más trascendentes en la vida de la mayoría de los ciudadanos. Porque a lo peor, “el árbol nos está impidiendo ver el bosque”
Queremos dejar claro que “el bosque” es mucho más que “el árbol”. Que el problema del CAMPO tal como se ha instalado en los medios y en el Gobierno es importante que se estudie y se le de solución, pero hemos de percibir que no es un problema (el de la soja y las mayores o menores retenciones )que atañe directamente a la mayoría de la ciudadanía, que hay otros problemas más agudos y que agobian a más gente que el problema así llamado del CAMPO. El interior, al menos en nuestra zona, y en otras muchas “periferias”, sigue estando relegado en muchos sentidos. Y es que, hermanos, hay gente que se está muriendo por falta de medicamentos, de insumos, de médicos y de atención en nuestros hospitales y puestos de salud, carentes en muchas ocasiones de lo más imprescindible. Una situación que no es solamente característica de nuestras zonas de trabajo jujeña y salteña, sino de otras muchas zonas del interior del país. Hay un desamparo sanitario evidente en la zona y en gran parte del interior.
Los que trabajan con la niñez advierten que la desnutrición, que parecía controlada, va en aumento. Que los comedores escolares y demás comedores infantiles o juveniles que hay en la zona, pretenden solucionar (¿tal vez ocultar?) una dura realidad de hambre y pobreza, pero es evidente que no lo consiguen, porque siguen con los magros presupuestos de años anteriores: es imposible que los niños y adolescentes puedan alimentarse hoy con 60 centavos por día. Hay directores que hacen maravillas con esos 60 centavos, pero lo que no pueden hacer es milagros.
La vida se está poniendo muy cuesta arriba, se está volviendo muy dura para la mayoría de los habitantes. Admítase o no, la inflación se ha vuelto galopante. No nos importan los datos “teledirigidos” del INDEC, o la pelea entre unos índices provinciales y los oficiales del Indec. Lo que está a la vista y nos golpea a todos son cosas tan sencillas y evidentes como que: hace unos meses un kgr. de pan costaba 3 pesos, o menos, y ahora cuesta 5 pesos o más; que un kilo de carne se compraba por 8 ó 12 pesos y ahora cuesta 16 ó 20, o más; que el litro de aceite que se conseguía a 3 pesos, ahora anda por los 8. Que la garrafa de gas de 15 kg. hoy anda por los 50 pesos.
A propósito: ¿Dónde quedaron las promesas de gas natural para poblaciones importantes con gasoductos cercanos como, por ejemplo, en nuestra zona las ciudades de La Quiaca y Abra Pampa? Y ¡dónde quedó la implementación de la “garrafa social”? Omitimos una larga lista de artículos de primera necesidad (alimentarios, útiles escolares, herramientas, construcción …) que son inalcanzables porque duplicaron el precio.
Decir esto no es ir contra nadie, es ver la realidad palpable en cualquier negocio, no en grandes superficies comerciales que no existen en la mayoría de las zonas del interior. Mientras todo sube, los ingresos de los planes no lo hacen y si hace unos años 150 $ era poco, hoy es nada.
Nos preocupa la altísima desocupación en nuestra zona en la que no hay ni pequeñas, ni medianas ni grandes Empresas que puedan absorber tal desocupación, que por cierto va en aumento.
Tampoco la minería en nuestra zona está solucionando el problema de la desocupación, más bien añade otros problemas. Las Compañías mineras, que obtuvieron concesiones de explotación en la zona, generalmente no cumplen con el requisito de contratar exclusiva, o al menos mayoritariamente, a gente de la propia zona, llegando hasta traer considerable cantidad de gente del extranjero. Ni Compañías ni Gobierno están cumpliendo las más elementales normas de prevención de la contaminación ambiental.
El problema se agrava por la caída de muchos planes sociales, porque se va dejando afuera a muchos que vivían (o malvivían) gracias a los “míseros” subsidios de dichos planes.
Permítannos decir públicamente, y no se nos enojen, estimados gobernantes, que en esta nuestra patria, rica en pan y generosa productora de alimentos y bienes de consumo, capaz de alimentar a varios cientos de millones, con mucha más fuerza en este pobre suelo nuestro, la pobreza extrema sigue vigente, y sigue cobrándose víctimas, sigue golpeando a millones de argentinos.
No ha disminuido significativamente. Más bien se está agravando de nuevo. Se puede hablar de un 60% de habitantes en la zona que están por debajo de la línea de pobreza y se hunden cada vez más … Los datos oficiales nos dicen que en el NOA, bajo esta línea, se encuentran un 30,6% de personas y un 8,2% bajo la línea de la indigencia, en total un 38,8 % de pobres, nuestra percepción no es esa, es mayor. Y es que por lógica tiene que ser así: porque el precio de la mayor parte de los alimentos y bienes de consumo familiar se ha duplicado en los últimos meses, mientras los ingresos de la mayoría no aumentaron nada. Los alimentos básicos de la “canasta familiar” o “canasta básica de alimentos”, se han vuelto inalcanzables para los que sobreviven a base de changas, para los minúsculos productores del campo, para los beneficiarios de los míseros planes sociales, para los empleados públicos contratados … ¡Y son miles y miles de personas! ¡Son mayoría en nuestra zona! Que es una zona deprimida económicamente, pero hay muchas zonas del país que se encuentran en la misma situación
Nos preocupa también la imparable migración: interna y hacia afuera. Por falta de políticas adecuadas, las comunidades campesinas se están vaciando y se están volcando en los barrios y periferias de las ciudades, con las consiguientes problemáticas de aglomeración, falta de vivienda digna, alcoholismo juvenil, pérdida de los valores ancestrales y comunitarios…
Y persiste también la forzosa migración hacia el sur en busca de trabajo, también con los consiguientes problemas: el principal de todos, el desarraigo familiar y de valores de identidad cultural.
Es también preocupante el debilitamiento y la pérdida de fidelidad a la propia identidad que notamos en los líderes y organizaciones comunales, que en años anteriores nacieron como una alternativa esperanzadora. Unos se venden, otros se dejan absorber por los esquemas gastados de los partidismos y el ansia de protagonismo y de dominio en detrimento de los valores comunitarios…
Esta pobreza que experimentamos en aumento es, con todo lo dicho, algo distinta a lo experimentado en otras épocas. El materialismo se nos va metiendo en todas partes, incluido entre los más pobres y aunque es cierto que la crisis va en aumento y golpea a los que menos tienen también lo es que estos hoy privilegian el tener algunas cosas por encima de necesidades básicas o más necesarias. En este sentido también constatamos una gran perdida de valores (personales, familiares y culturales), del aprecio por la dignidad humana, que se traduce en una lucha entre los mismos pobres, una lucha por la supervivencia. Y esto no es querer pintar un panorama sombrío sino una fotografía de la realidad, de una triste realidad que se constata en el día a día, en el que los que más tienen cada vez acumulan más y los que menos tienen cada vez alcanzan a menos.
Finalmente queremos expresar una sensación o percepción que nos decepciona y nos preocupa grandemente. Lo sentimos nosotros y lo siente la gente de las zonas del interior. La sensación de lejanía de los gobernantes, como falta de preocupación de los mismos por los problemas reales de gente que los votó, como falta de proyectos serios que den respuesta a las necesidades vitales de la gente.
Sí, hay una sensación reiteradamente confesada de desamparo total de la gente humilde. Estimados gobernantes, políticos, instituciones públicas, comunales, medios de comunicación, ¿no será ya hora de que dejemos otras ambiciones y menudencias y nos ocupemos todos de buscar soluciones a problemas tan acuciantes y graves de la situación actual de tantos miles de personas?
Por el Presbiterio:
Mons. Pedro Olmedo, Obispo Prelado de Humahuaca
P. Ricardo Aparicio, Vicario General Prelatura de Humahuaca
P. Alonso Sánchez, Cánciller Secretario, Prelatura de Humahuaca

Por contactos o entrevistas:
Prelatura de Humahuaca 03887 421018 o 421102 -
P. Alonso Sánchez 0388 154206025