17 de noviembre de 2008

CESAR BRIE: UN ICONO DEL TEATRO ANTROPOLOGICO EN JUJUY

San Salvador de Jujuy, 17 de noviembre de 2008 (Agenda Púlica). César Brie, docente e investigador, fundador y director del Teatro de los Andes, llega a Jujuy convocado por el Grupo de Arte y Transformación Social para participar de la instancia final del Programa de Formación de Gestores Culturales. Brie -quien se formó en Euroa junto al Odin Theatre de Dinamarca- tendrá a su cargo el desarrollo del módulo de Teatro Antropológico.

La primera actividad que cumplirá Brie en Jujuy será una conferencia el viernes 21 de noviembre, de 9:00 a 13:00, en el Teatro de la Vuelta del Siglo donde abordará temas como “Arte y Transformación Social, Experiencia de Gestión, Pluralidad de estéticas y ética común. Grupo y compañía. Responsabilidad cultural y acción artística”. La inscripción tiene un costo de 10 pesos y podrá efectuarse momentos antes del inicio de la actividad.

Los días viernes, sabado, domingo y lunes, habrá un Seminario práctico para actores.
El sábado, a las 18:00, también en el Teatro de la Vuelta del Siglo habrá una charla abierta a la comunidad, con entrada libre y gratuita, donde César Brie hablará sobre “El artista y el testimonio. Creación y realidad”.
El domingo 23 de noviembre, a las 22:00, en mismo Teatro, Brie presentará la obra de teatro “El mar en el bolsillo”. Las entradas ya están en venta en el Café de La Vuelta.

SOBRE CESAR BRIE

Fundó en Bolivia la comunidad Teatro de los Andes. En 10 años la entidad se convirtió en un paradigma de las artes escénicas y puso al teatro boliviano en el mapa mundial del arte.

César Brie nació en Argentina e hizo una importante carrera teatral en Europa, junto al Odin Theatre de Dinamarca. A principios de la década del 90, el actor, director y dramaturgo decidió volver a América Latina. Eligió Bolivia -luego de ser impresionado por unas máscaras andinas- y allí se estableció, marcando una profunda huella en las artes escénicas del país.

En 1991 llegó Brie a Cochabamba y La Paz con dos obras como carta de presentación. Aún era un desconocido. Una de sus presentaciones, en el Teatro Municipal Alberto Saavedra Pérez, estuvo a punto de ser suspendida por falta de espectadores.

Se perdió un tiempo para reaparecer con la noticia de que había comprado una finca en Yotala, Chuquisaca. La había acondicionado y, luego de recibir a colegas de Argentina, España e Italia, y de integrar a jóvenes bolivianos, estaba dispuesto a trabajar con estética propia. Aquella que Brie define en la revista internacional de su creación, El Tonto del Pueblo: “Queremos construir un puente entre la técnica teatral que poseemos (y que podría definirse occidental) y las fuentes culturales andinas que se expresan a través de la propia música, fiestas y rituales”. Pero también, y sobre todo, con una ética: el teatro debe ser profesional, de tiempo completo y anclado en la realidad”.

En la vieja finca de Yotala fundó la comunidad Teatro de los Andes, hoy un paradigma de las artes escénicas que produjo Bolivia en la última década. De lo poco que se sabe del teatro boliviano fuera de las fronteras, mucho corresponde al trabajo de este grupo teatral.

La trayectoria de Brie, pero sobre todo el trabajo con el grupo afincado en Yotala, ha permitido la presencia de Bolivia -como raras veces ocurre- en festivales de América Latina, Estados Unidos y Europa. Casi un millar de presentaciones ha hecho Teatro de los Andes fuera del país.

“Cuando llegué a Bolivia, hace diez años, creí que podría cambiar un montón de cosas. Hoy sé que no, que en todo caso contribuí a abrir puertas. Eso, creo, me lo reconocen. Nosotros vivimos de nuestros espectáculos, investigamos y sentimos que tenemos una responsabilidad cultural: atravesamos toda Bolivia, para ver más allá de los grandes centros, para formar gente y crear posibilidades de apertura”.
Sus obras más aplaudidas son Las abarcas del tiempo y La Ilíada. Una joya de interpretación es el monólogo de Brie, Sólo los giles mueren de amor. A ello hay que sumar las decenas de alumnos que se han formado en los talleres del grupo. Muchos de los cuales hacen hoy teatro en Bolivia.

Brie nació en Buenos Aires, Argentina el 3 de mayo de 1954, en .
1971 fue uno de los fundadores de la Comuna Baires. En 1980 fundó el grupo internacional Farfa, dirigido por Iben Nagel Rasmussen. Parte del Odin Theatre de Dinamarca. En 1991 fundó con Naira González y Paolo Nalli el Teatro de los Andes, en Bolivia.

Actualmente Brie vive en Yotala, cerca de Sucre, en un Teatro-granja “donde preparamos nuestras obras, las presentamos, alojamos otros artistas, realizamos encuentros y talleres. Nos proponemos formar un actor-poeta en el sentido etimológico del término: hacedor, creador. El que crea y hace. Para esto realizamos un entrenamiento cotidiano, físico y vocal, y trabajamos sobre formas de improvisación y composición”, explica el director.

“Tratamos de unir en nuestras obras las reflexiones sobre el espacio escénico, sobre el arte del actor y la necesidad de contar historias, de recordar, de «volver en sí». Nos proponemos un teatro que podríamos llamar del humor y de la memoria.

Somos profesionales en el antiguo sentido de profesar nuestras motivaciones, «confesarlas en público». Y es la relación con el público que determina nuestro quehacer: sacar el teatro de los teatros y llevarlo donde está la gente, a universidades, plazas, barrios, pueblos, lugares de trabajo, comunidades. Buscar un nuevo público para el teatro y crear un nuevo teatro para este público”.

Además Brie edita la revista “El Tonto del Pueblo”, que es otro instrumento para el diálogo que pretende el director y su grupo, “Queremos construir un puente entre la técnica teatral que poseemos -y que podríamos definir occidental- y las fuentes culturales andinas que se expresan a través de la propia música, fiestas y rituales. El contacto, el encuentro y el diálogo son imprescindibles para nuestro trabajo cultural. No el aislamiento”.

SOBRE LA OBRA EL MAR EN EL BOLSILLO
Por César Brie


Nací y crecí en un país católico: Argentina.
Me alejé de la iglesia a los dieciseis años, y pude reflexionar sobre este rechazo sólo muchos años después, cuando estuve en condiciones de ver mi pasado.
La religión entonces, representaba un camino: un trayecto de acciones sociales y espirituales que afirmaban mi fe, la difundían y me inducían a comportarme según sus reglas y a observar el mundo a través de ellas.

Abandonando la religión, yo tenía conciencia de que debía iniciar otro camino. Me dediqué al teatro y formé parte de aquel movimiento teatral en el cual el trabajo artístico se mezclaba al compromiso social.

No soy religioso pero no he puesto una piedra sobre mis experiencias de la infancia y de la adolescencia.
Así, hoy, delante de un cruce en mi camino en el teatro, encuentro una sotana colgada de un árbol.
La sotana es la de un sacerdote.

El cruce es mi elección de regresar a vivir y a trabajar en Sudamérica, una tierra tan rica que puede exportar a todos lados café, maíz, futbolistas, científicos, artistas y tan pobre que no logra tenérselos. El árbol del que cuelga la sotana representa estos años de trabajo obstinado y exilio voluntario. Sus frutos no son sólo mis obras. Son también mis errores, aquello que he destruído, las fatigas inútiles.

Soy el primero que se asombra: mis fracasos han germinado.
Con aquella sotana y estos frutos he construído esta obra.